CUIDADO CON LO QUE LEES

Como suelo decir muchas veces, cada libro es hijo de la época en la que se escribe.

Este artículo no va a tratar sobre qué debe uno leer, o qué no debe ni tan siquiera ojear. Leer distintas opiniones o posturas sobre un tema concreto, aunque sean completamente contrarias, no es malo. Aunque cueste ser tolerante, a veces es muy enriquecedor.

Es más; siempre es bueno alimentar una actitud crítica con aquello que se lee, como por ejemplo ocurre con la investigación científica.

Es cierto que es literalmente imposible leerse todo lo relativo a cualquier cosa: hay que invertir un tiempo en leer, y un dinero para adquirir esos libros, que casi nadie tiene. Hay que ser prácticos y escoger los libros que nos parezcan más significativos o importantes sobre esa materia de la que nos queremos informar. Aunque también es complicado a veces acertar con la elección.

Nos pasa, por ejemplo, con lo que se nos dice a la hora de informarnos sobre noticias políticas u otros hechos que ocurren a diario. Muy poca gente puede permitirse estar comprándose todos los periódicos que se editan en una ciudad en concreto para comparar y contrastar opiniones y noticias. Principalmente por el tiempo, como ya decía antes.

Todos tenemos una vida, un trabajo y una familia que atender, en mayor o menor grado.

El principal inconveniente de un libro es que lo que se escriba en él, ahí se queda para siempre. Salvo posteriores reediciones.

Por eso es importante conocer la fecha (o al menos la década) en que fue escrito.

A día de hoy, a nadie se le ocurriría dar por cierta la información que hay en un atlas mundial de, por ejemplo, 1970.

¿Por qué? Fácil: las fronteras de las naciones han cambiado mucho en algunos sitios tras el final de la Guerra Fría, y las posteriores guerras que se generaron como consecuencia de aquella (las guerras de Yugoslavia, por ejemplo, en donde de una única república, salieron siete estados o países distintos. O también la existencia de por aquel entonces de dos Alemanias, en vez de una).

Con lo que mandar a un niño estudiar geografía política con un atlas de 1970 no sería productivo en absoluto. Pero sí le serviría para estudiar la historia de Europa.

Pues con la ciencia pasa exactamente lo mismo. No se tienen que dar por buenos, necesariamente, un libro sobre química, biología molecular o, qué sé yo… Evolución Biológica escritos hace 70 años o más, incluso.

Pero sí que pueden servir como base histórica de los procesos de pensamiento que se desarrollaran por aquel entonces.

Me intentaré explicar mejor, ejemplificando sobre el tema del que trata este blog:

Cuando intentamos explicar la evolución biológica, el libro de El Origen de las Especies de Darwin nos sirve como una base sobre cómo surgió la idea de Evolución. Pero sólo como base para comenzar.

¿Por qué? Muy sencillo; por aquel entonces, como ya dije en otra entrada, se sabía muy poco sobre cómo se transmitían los genes, o sobre las relaciones de parentesco (filogenéticas) entre las distintas especies. Se sabía lo que hasta la fecha (finales del siglo XIX) se había descubierto. Y nada más.

Incluso si nos adentramos en el siglo XX, hasta la década de 1950 no se empezaron a comprender ni la naturaleza, ni la composición química del material genético. Ni de cómo se transmiten de una generación a otra, aunque Mendel, el fraile del que ya hablé, allá por el siglo XIX también comenzase a describir la frecuencia en la que se reparten ciertos caracteres genéticos entre las generaciones de padres e hijos en las plantas de los guisantes.

Pero los avances que la ciencia de la biología molecular y genética han tenido en los últimos casi 70 años ya, han sido terriblemente grandes. Y no es para menos, ya que la mejora y desarrollo de las técnicas han ido a la par.

¿Y qué quiero decir con todo esto?

Sencillamente, cuando intentamos explicar la Evolución, o rebatirla, no podemos quedarnos con los textos clásicos. Debemos informarnos a través de textos más actuales. No digo que tengan que ser del mismo año, sino que con uno con una antigüedad de una o dos décadas como mucho, sería un buen comienzo. Aunque también depende del tema del que se trate, claro.

Hay cosas que están bien establecidas, y sin indicios de ser todavía refutadas por mucho tiempo. Para saber sobre física general, nos vale casi incluso con leer un libro de 1900 (a menos que queramos leer sobre física de cuántica o de partículas, ya que estas disciplinas se desarrollaron mejor muy posteriormente…y aun están trabajando en ello).

Y para muestra de lo que digo, he aquí un ejemplo práctico:

En un libro sobre biología molecular, en el que se compilan una serie de ensayos científicos sobre el tema, hay uno que habla sobre los anticuerpos (capítulo 7), y en dicho artículo se menciona que hasta donde se ha desarrollado la investigación sobre la inmunología y los anticuerpos, muchas cosas aun (cuando se escribió, en 1973) eran un misterio pendiente de resolver.

Hoy, en 2016, se sabe muchísimo más sobre el tema. De hecho, desde hace unos años ya se habla de creación de anticuerpos sintéticos más eficaces.

Esto sirve para demostrar que la ciencia, casi más que otro campo de conocimiento, tiene la capacidad de seguir desarrollándose gracias a los conocimientos que se van adquiriendo con el paso del tiempo. Y tiene la capacidad de autocorregirse. Pero también es cierto que necesita su tiempo.

Y es por eso que aún no se conoce del todo cómo funciona la Evolución Biológica.

Por otro lado, al margen de los conocimientos existentes en el momento de ser escrito determinado libro, tenemos la época político-económica que esté atravesando el país en donde se esté editando dicho libro.

Todos somos humanos, y todos tenemos ideas políticas, por ejemplo.

Un problema muy grave que tuvo la Teoría de la Evolución fue que sus postulados fueron llevados a la política económica de la época, y de épocas posteriores también.

Llevaron el postulado de la supervivencia del más apto (ya veremos que esto no es del todo cierto) al ámbito del desarrollo económico de las personas y las naciones.

Si eras pobre, te aguantabas y te morías de hambre. Pero si eras rico, estabas de enhorabuena: eras el más apto para la supervivencia.

Por ejemplo, en la Rusia Soviética no era aceptable concebir la evolución por procesos gradualistas, ya que esa forma de pensar era puramente occidental. Ellos, siguiendo los postulados marxistas entendían el cambio sólo a través de una revolución. Es decir, una evolución a saltos (apoyaron de forma vehemente el modelo propuesto del Equilibrio Puntuado propuesto por Gould y Eldregde, pero sólo por convicciones políticas, no porque los datos les pareciesen razonables).

Muestra de esa politización de la Teoría de la Evolución la tenemos en el libro titulado La Rebelión de los Brujos, en el que, en uno de los capítulos, los autores reniegan de la Teoría de la Evolución porque no aceptan una naturaleza en la que se desarrolla todo como si de autómatas desalmados se tratase. Lo cierto es que los autores en cuestión demuestran una clara ignorancia sobre el tema, pero una ignorancia que por supuesto tenía solución: leer más.

Este último libro que menciono no versa sobre temas de biología, ni sobre ciencia formal (si se me permite esa expresión). Más bien es uno de los libros pioneros que inspirarán posteriormente a aquellos que defienden la Teoría de la Panspermia Dirigida; o lo que es lo mismo, la Hipótesis de los Antiguos Astronautas (aquella que defiende que al menos el hombre fue creado a través de experimentos de hibridación, o mezcla, genética con extraterrestres).

Evidentemente no son textos a tener en cuenta de cara a conocer mejor la Evolución Biológica, pero son libros y documentales que la gente lee y ve; y se prestan a confundir más a la población… Como si no hubiese suficiente con el Diseño Inteligente “terrestre”.

Pero de esto ya hablaré más adelante.

Por ahora me quedo con recalcar mi recomendación de que debéis ser conscientes que, en función del año en que se haya escrito el libro sobre Evolución (o sobre el tema que sea) que estéis leyendo, es posible que hoy esa información no sea cierta del todo, sólo por el hecho de que ahora se sepa más, o se conozca mejor el tema tratado.

 

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