DEL “TODO”, A LA “NADA”

Como ya comenté en la anterior entrada, muchas veces resulta complicado hacer entender que la vida haya surgido de la “nada”, porque existía una alta probabilidad (azar) de que surgiese. Y más si, a la vez, se niega la existencia de la generación espontánea.

Del mismo modo se hace difícil (aparentemente) explicar cómo la materia viva se mantiene estable, si la tendencia natural de la materia es la degradación a lo más simple (entropía creciente o Segundo Principio de la Termodinámica).

Veamos cómo argumentan los creacionistas (o los defensores del DI) este hecho.

En una de las publicaciones mensuales de los Testigos de Jehová, aquellas que van repartiendo de forma gratuita casa por casa y en las calles (¡Despertad! Nº de Noviembre de 2011, por ejemplo, página 8) mencionan:

¿Cómo se formaron las moléculas de la vida y cómo adquirieron sus asombrosas capacidades sin un diseñador inteligente? Los investigadores evolutivos no pueden explicar o responder de manera satisfactoria las preguntas sobre el origen de la vida. En efecto, quienes niegan la intervención de un Creador atribuyen poderes divinos a las moléculas y las fuerzas naturales ciegas.

Ahora bien, ¿qué indican los hechos? Las pruebas no muestran que las moléculas se conviertan en formas de vida complejas, sino todo lo contrario: las leyes físicas dictan que las cosas complejas -las máquinas, las casas y hasta las células- de desintegran con el tiempo. 

Voy a intentar lanzar un humilde rayo de luz para intentar haceros comprender el desconocimiento e ignorancia (ignorancia sana) que hay en estas afirmaciones.

No sé si habréis oído, o leído, alguna vez que el mundo físico puede ser descrito en términos de materia (una piedra, un escarabajo…) y energía (el calor generado por un fuego, el movimiento en la hierba producido por el viento, etc).

Pero resulta que podemos ir más allá: realmente toda la materia puede ser descrita también como otra forma de energía. La energía química.

¿Y qué es esto de la energía química, que parece algo casi como de película de ciencia-ficción?

Pues muy sencillo: es la energía que tienen todas las moléculas sólo por el hecho de serlo. Es decir, el enlace químico, que es la unión que mantienen los átomos cuando forman las moléculas (aunque hay más tipos de enlaces entre moléculas… pero no voy a extenderme en esto…, por ahora), contiene una determinada cantidad de energía. El ejemplo más conocido es el de la famosa bomba atómica, cuya energía emitida proviene de la ruptura de los átomos de uranio o plutonio que tiene en su interior.

O también la forma en que genera electricidad una batería de automóvil, la batería de un teléfono móvil…

Entonces, y una vez de acuerdo en que todo puede ser descrito en términos de energía, repito que la tendencia general de la materia es pasar de un estado de mayor energía, a uno con menor cantidad de esta.

Esto es muy intuitivo: no hay más que fijarse en qué es lo que pasa cuando mezclamos en un vaso agua caliente con agua fría. Las moléculas de agua caliente transfieren parte de su calor a las moléculas de agua fría, buscando así de forma espontánea el equilibrio (térmico, en este caso). Y de este modo el agua queda “templada” (suponiendo que hayamos mezclado mitad y mitad en el vaso).

entropia

Ejemplo de cómo aumenta la entropía en las moléculas de agua: en estado sólido (hielo), hay más energía contenida entre todos los enlaces químicos que en estado gaseoso (vapor).

Del mismo modo, un metal se oxida. Todos hemos visto alguna vez cómo un trozo de hierro, o cualquier otro metal se va deteriorando y descomponiéndose al contacto del agua y el oxígeno de la atmósfera. Así, un compuesto metálico va deteriorándose a un óxido metálico, con menos contenido energético en sus moléculas que cuando formaba parte del compuesto inicial.

Es decir, que cuanto mayor es la entropía de un sistema, menor contenido energético tiene ese sistema. Y más estable y duradero es.

Y la duda que se plantea entonces es la siguiente: si la “materia” tienden de forma espontánea a un menor contenido energético, ¿cómo un ser vivo (una célula, por ejemplo) permanece estable, y aparentemente con la misma cantidad de energía?

Pues bien, en el libro El Azar y La Necesidad, del biólogo Jacques L. Monod, menciona un experimento relativamente sencillo en el que se puede comprobar cómo no se incumple este Segundo Principio de la Termodinámica:

Si tomamos un mililitro de agua conteniendo algunos miligramos de azúcar simple, como la glucosa, así como sales minerales que comprendan los elementos esenciales partícipes de la composición de los constituyentes químicos de los seres vivos (nitrógeno, fósforo, azufre, etc.). Sembramos o cultivamos en este medio una bacteria de la especie Escherichia coli (la famosa E. coli de los yogures que anunciaban por la tele y que todos nosotros tenemos de forma natural en la flora intestinal), por ejemplo.

En el espacio de unas 36 horas la solución contendrá miles de millones de estas células, ya que habrá ido reproduciéndose de forma asexual, como todas las bacterias y otros seres vivos “superiores”. Entonces podremos comprobar que alrededor del 40% de azúcar ha sido convertido en constituyentes celulares, mientras que el resto ha sido oxidado a dióxido de carbono (CO2) y agua.

Entonces, si este experimento lo realizamos un calorímetro (aparato que mide el calor que emite un objeto, como su nombre indica), se puede determinar el balance termodinámico de la operación y constatar que, como no podía ser de otra manera, la entropía del conjunto del sistema (las bacterias más el medio acuoso) ha aumentado un poco más de lo que el propio Segundo Principio de la Termodinámica habría predicho como mínimo.

Es decir, tenemos un medio en el que hay moléculas relativamente simples como azúcares y una serie de sales minerales. Por otro lado, tenemos una bacteria dentro de este medio, que se compone de moléculas bastante más complejas y, por ende, con mucho mayor contenido en energía.

Y además esta bacteria se ha reproducido hasta alcanzar un número importante de individuos. Es decir, ha aumentado la complejidad, en el sentido de que ahora hay más bacterias que antes.

Pero, y es un GRAN PERO, para poder desarrollarse ha tenido que gastar energía. El resultado de eso es que ha transformado los azúcares en agua y dióxido de carbono; moléculas mucho más simples y con mucho menos contenido energético.

Y esa energía consumida se ha convertido en calor, otra forma de energía, como vimos ya (y por eso se ha podido medir el experimento con el calorímetro, por otra parte).

No sé si me seguís… La célula ha convertido parte de esa energía química en energía calorífica durante el proceso de formación de compuestos químicos que le fuesen útiles para su propia supervivencia y reproducción.

Como resultado del proceso, aparte de haberse producido más células, se han generado moléculas más pequeñas (con menos energía química) como productos de deshecho.

Y parte de la energía que había en todo el sistema se ha perdido en forma de calor; con lo que la energía final total es menor que la inicial. Aún habiéndose reproducido de forma exponencial nuestra amiga bacteria.

Así que, como ya dije antes, la Ley de la Entropía Creciente SE CUMPLE Y SE MANTIENE.

Por lo tanto, lo que los creacionistas argumentan a este respecto CARECE DE TODA VALIDEZ. Simplemente defienden esta postura desde el desconocimiento.

En una próxima entrada hablaré sobre la tendencia espontánea en la formación de las moléculas de la vida, con lo que se nos abrirán un poco más las puertas a la plausibilidad de la existencia de la vida por azar.

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