VISUALIZANDO EL PASADO

Uno de los “argumentos de peso” que los defensores del Diseño Inteligente esgrimen es la falta de homogeneidad a la hora de representar a los organismos de los que sólo encontramos restos fósiles a día de hoy.

Bueno, realmente es uno de esos argumentos en los que se apoyaban, antes de que el nivel de conocimientos sobre la evolución biológica aumentase de forma dramática. Hoy en día la utilización de este hecho resulta pueril e insustancial.

Me estoy refiriendo a lo que se conoce como paleoilustración (o paleoarte, en general).

Como toda fuente de conocimiento, esta rama artística que tanto y tan bien sirve para comprender y visualizar el pasado de la vida para el gran público (y los mismos investigadores también), ha sufrido un continuo cambio y mejoramiento.

Como todo arte, jamás está exento de los prejuicios y preferencias de las líneas generales de pensamiento en activo. Y es esto lo que puede generar desconcierto entre los que no nos dedicamos a la investigación; más aún si ni tan siquiera uno no se interesa como mero lector de estos temas.

Por ejemplo: ¿quién no se halló sorprendido, cuando, acostumbrados a ver a los velocirraptores de la película de Jurassic Park I sin plumas, posteriormente aparecieron en la Jurassic Park III los mismos velocirraptores con una serie de penachos plumosos eréctiles en la cabeza?

La explicación es sencilla: es el resultado de las nuevas revisiones de los datos; en función de investigaciones más exhaustivas que las anteriores, o de descubrimientos más novedosos.

Incluso si nos ponemos quisquillosos, probablemente estos velocirraptores debieron haberlos mostrado con plumas cubriendo una buena parte de su cuerpo, tal cual aparece en la imagen de abajo:

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El motivo de que en este caso concreto la imagen de estos dinosaurios tan famosos haya cambiado se debe a haber encontrado pruebas fósiles de que poseían plumas por, al menos, parte de su cuerpo. De todos modos, sobre la existencia de plumas en animales que no eran propiamente aves ya hablaré con algo más de detalle en otra ocasión.

Esto nos sirve como un ejemplo más actual de lo que sería el cambio a lo largo del tiempo en la concepción de los organismos fósiles.

Pero para que os hagáis una idea de cómo cambian las formas de concebir y reconstruir los fósiles, en función de las ideas dominantes, o de las pruebas y estudios obtenidos hasta el momento, os muestro también aquí abajo (otra es la que aparece como imagen destacada de este artículo) la evolución en la imagen de uno de los primeros descubiertos y mejor conocidos dinosaurios: el iguanodonte (Iguanodon sp).

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Fuentes de esta imagen y de la imagen destacada del post

Todas estas imágenes corresponden al mismo animal. Pero como decía, el estudio de los restos fósiles encontrados y su anatomía, comparándola con organismos emparentados (y mejor conocidos) que permita componer una imagen lo más fidedigna a la realidad, a veces pasa por bastantes “dificultades”.

A demás de estos ejemplos mencionados, también tenemos todas aquellas imágenes y reconstrucciones que podemos observar en películas clásicas, libros y museos (en estos últimos, las representaciones se van actualizando… o al menos así debería ser).

Otro campo clásico de batalla, a la hora de criticar el “desconocimiento” de la ciencia sobre el aspecto de los restos fósiles, y así intentar refutar sus conclusiones, es el del aspecto de los antecesores de nuestra especie.

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Como veis, nuestros antepasados también sabían ser sexys, como en badoo.

En el fondo, todo este barullo que llevan generando los creacionistas (se llamen Creacionistas o Defensores del DI) se debe a que se sienten disgustados y deshonrados de no haber sido creados de la nada, sino de descender de criaturas que consideran inferiores, por mucho que nos pareciésemos a ellos (como descendientes que somos).

Se trata del antropocentrismo; esto es, que el hombre es considerado como el centro del universo, como unidad de medida y como la perfección máxima de la vida. Pero ojo, esta concepción no es exclusiva de los religiosos.

La ciencia también ha sido (y aún lo es a veces) muy antropocentrista. Prueba de ello son las representaciones de, hasta no hace mucho, los australopitecinos y homínidos anteriores a nosotros, retratándoles casi como retrasados mentales.

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Ejemplo clásico de una falacia defendida por los creacionistas.

De nuevo, los defensores del DI alegaban que, ante la inexistencia de una homogeneidad en las reconstrucciones de nuestros antepasados, ello era prueba de la imposibilidad de demostrar que la evolución biológica es real y quedaba patente que no se conocía el aspecto real de las especies extintas.

Pero he de recordar que una reconstrucción no es más que eso, un intento de recrear algo que existió. Y la dificultad aumenta cuando no tenemos un modelo completo del que copiarnos.

Es entonces cuando entra en acción la anatomía comparada, haciendo paralelismos con las estructuras de especímenes conocidos y mejor descritos. De tal manera, el artista y el anatomista va reconstruyendo al individuo como si de una casa se tratara: desde los cimientos (esqueleto) hasta el tejado (aspecto externo con piel, pelo y color de estos), pasando por la musculatura y otros órganos internos.

Evidentemente siempre hay cosas, sobretodo relacionadas con el aspecto exterior que se dejan a la imaginación del artista, o al aspecto más probable que podría tener. No dejaría de tratarse de especulaciones, pero a día de hoy son especulaciones con cierta base cada vez más real.

He aquí un ejemplo de cómo se realiza este proceso paso a paso:

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Para concluir no puedo hacer otra cosa más que recalcar lo que ya habéis leído: las representaciones de los seres vivos que ya no existen, y más si dichos especímenes son lo suficientemente únicos como para que sus posibles descendientes vivos se les parezcan, son a veces muy complicadas de llevar a cabo.

Pero esto no significa que la evolución biológica sea falsa. Simplemente hace falta estudiar y aprender más sobre todos los detalles que el registro fósil nos deja, para así, comprender mejor todavía la red que suponen las relaciones de parentesco entre los distintos seres vivos.

Y también para poder ser más capaces de generar una imagen más exacta de aquellos tiempos y sus formas de vida extintas.

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